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Archive for 15/08/18


La falta de educación sexual y cómo dejar la pornografía

¿Te sientes cansada de fingir haciendo el amor y sientes que lo haces por obligación?

¿Estás seguro de que en el sexo actúas como realmente te gustaría o te sientes condicionado?

Hoy viene a mi web Asier González para explicarnos las consecuencias de la falta de educación sexual y dos ejercicios introductorios para empezar a dejar de ver vídeos para adultos y acabar con su influencia en nuestra conducta sexual.

Asier González es experto en sexualidad consciente y el creador de escuela de parejas ,  la web a la que acuden todos los meses decenas de parejas para aprender a mejorar la calidad de sus relaciones.

Y ahora, sin más dilación, te dejo que disfrutes de la lectura de todo lo que Asier González ha venido a explicarnos.

Yo creía que el sexo era algo completamente espontáneo, que cada uno lo hacía a su manera y cómo lo sentía. No esperaba que al igual que otras áreas de la vida, pudiera estar condicionada.

Y mucho menos que yo estuviera condicionado a actuar de cierta manera en el sexo y en mis relaciones amorosas.

Pero la realidad es que al igual que tus valores y tu personalidad, la forma que tienes de entender la sexualidad está condicionada por la educación que recibiste por parte de tus padres, de la escuela y de la sociedad.

¿Te acuerdas cuando en la escuela te hablaban sobre sexualidad? O quizás, ¿ni siquiera recibiste educación sexual escolar?

¿Por qué los niños acuden a la pornografía?

 En mi caso, se puede decir que sí recibí educación sexual en la escuela, pero más tarde descubrí que lejos de ayudarme a entender mejor mis necesidades, la carencia de valor de la información sexual recibida en ella, me llevó a buscar en otros lados la información que en ese momento yo necesitaba.

Recuerdo que, en sexto de primaria, teniendo 11 años, en ciencias tuvimos que estudiar los órganos reproductores a nivel anatómico y nos explicaron cómo se creaba la vida: el hombre introducía el pene en la vagina para dejar embarazada a la mujer.

También nos dijeron que no siempre que el hombre y la mujer hacían ésto, se hacía con la intención de tener hijos.

Y para cuando nos dieron esta “extensa información sobre sexualidad”, los chicos de mi edad ya habíamos escuchado palabras como: masturbarse, follar o sexo oral.

Además, yo y muchos otros chicos de mi edad ya habíamos empezado a masturbarnos sin recibir ningún tipo de información al respecto.

Y en el caso de las chicas, tampoco les habían enseñado a llevar de forma natural la menstruación y mucho menos a entender el creciente deseo sexual que empezaban a experimentar.

En tercero de la ESO, cuando tenía 14 años, recuerdo que vino una chica a darnos unos talleres sobre sexualidad.

La educación sexual que nos dio se centró en las enfermedades de transmisión sexual, el herpes, la sífilis, los peligros del SIDA y en la necesidad de utilizar siempre preservativo en las relaciones sexuales.

¡Y hasta ahí llegó la educación sexual para adolescentes que recibimos en la escuela!

Resumiendo, aparte de infundirnos miedo sobre la práctica de sexo sin condón, no teníamos ni idea de cómo amar a una mujer o a un hombre, de cómo mantener una relación de pareja saludable o de cómo hacer el amor.

Tampoco nos explicaron nada sobre psicología femenina o masculina.

Recuerdo que en esa época me decía a mi mismo: “¿qué será eso de follar? Como todo el mundo habla de eso, tendré que ver en qué consiste por si una de mi edad quiere hacerlo y no quedar mal”.

Y claro, como nunca me explicaron exactamente en qué consistía eso de hacer el amor o follar, lo único que encontré a mano fue los vídeos para adultos, al igual que la mayoría de los chicos y chicas de mi edad.

Muchos niños de mi edad veíamos a escondidas vídeos para adultos en internet e imágenes sexuales en la publicidad de los periódicos.

Y desde luego, tener como referencia de la sexualidad los vídeos para adultos tiene consecuencias que yo en ese momento, como es lógico, no podía ni llegar a imaginar.

Además, el hecho de ver vídeos para adultos a escondidas porque sabíamos que a nuestra edad estaba prohibido, aún nos generaba más morbo y además vinculábamos la sexualidad a “algo que debe esconderse porque no está bien visto”.

Consecuencias de la falta de educación sexual integral

Actualmente, nuestra conducta sexual no solo está condicionada por los vídeos para adultos que veíamos de pequeños o por los que seguimos viendo de mayores, también por muchos videoclips de reggaetón y por muchas campañas publicitarias que constantemente nos bombardean con imágenes sexuales para que nos excitemos y compremos sus productos.

Yo he identificado cuatro aspectos en los que nos influye la industria para adultos y una parte de la industria musical:

  1. Estereotipos físicos para las mujeres: las mujeres deben ser delgadas, muy atractivas, con senos grandes y culos muy redondeados.
  2. Estereotipos físicos para los hombres: los hombres deben tener unos músculos hiperdesarrollados y un pene grande de 18 centímetros como mínimo.
  3. Actitud de la mujer: debe ser alocada y adicta al sexo.
  4. Actitud del hombre: debe ser dominante y desahogarse sexualmente en la mujer.

 No es de extrañar que, debido a estas influencias, una de las operaciones de estética más solicitadas por parte de las mujeres sea el aumento de pecho.

Además, en España, por ejemplo, la longitud media del pene erecto de un hombre es de 13 centímetros. Muy lejos de los más de 18 centímetros de pene que suelen exhibir los actores de vídeos para adultos.

Intentar ser como nos muestran en estas industrias, genera frustración y desigualdad entre la satisfacción sexual masculina y la femenina.

Para poder redescubrir  la sexualidad de un modo consciente y saludable tenemos que desprogramarnos de todas estas influencias externas.

Dos ejercicios introductorios para empezar a desprogramar la influencia de la pornografía en nuestra conducta sexual:

 Primer ejercicio: Tomar consciencia de su influencia El primer ejercicio consiste en tomar consciencia de cómo los vídeos para adultos moldean nuestra conducta sexual.

Para ello, responde a las siguientes preguntas y reflexiona sobre tus respuestas:

¿Qué tipo de educación sexual recibiste?

¿Cómo viviste sexualmente tu adolescencia?

¿Te sientes cansada de fingir haciendo el amor y sientes que lo haces por obligación?

¿Estás seguro de que en el sexo actúas como realmente te gustaría o te sientes condicionado por la influencia de los vídeos para adultos?

¿Sientes que tú y tu pareja quedáis igualmente satisfechos después de hacer el amor o piensas que alguno de los dos sale perdiendo?

Segundo ejercicio: Imaginar cómo realmente nos gustaría actuar sexualmente Imagina por unos instantes que te sientes totalmente satisfecha/o con tu cuerpo y contigo misma/o y que nadie te juzga en la cama.

Y ahora, responde a las siguientes preguntas y reflexiona sobre tus respuestas:

¿Cómo te gustaría verdaderamente actuar en la cama?

¿Qué es lo que crees que necesitas en una relación sexual?

¿Qué te gustaría que te hicieran en la cama?

¿Se lo pides explícitamente a tu pareja o lo tiene que adivinar?

¿Qué es lo que no te gusta que te hagan en la cama?

¿Lo soportas o lo hablas con tu pareja?

Muchas gracias Asier González por todo lo que nos has explicado en este artículo.

Estoy seguro que muchas personas se han sentido identificadas con todo lo que nos has contado y han realizado los 2 ejercicios introductorios que nos has regalado para empezar a desprogramarnos de la influencia de los vídeos para adultos.

Si quieres disfrutar de más información útil para mejorar la calidad de tu relación de pareja y tu sexualidad, visita la web de Asier González: https://www.escueladepareja.com/

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